domingo, 12 de agosto de 2007

Un jardín


…Me desperté. Aún no regresaba completamente de mi largo sueño, y minuciosamente inhalé el oxigeno perfumado. Era como líquido azul que rodeaba mis sentidos, viajaba por mis venas y suavemente salía de mi ser, después de renovarme.

Tomé un puñado de fuerza, y divisé el panorama al levantarme. Había muchas hojas, y ellas, tímidas y agrupadas tiernamente me miraban desde lejos. Una de ellas, saltó hacia el suelo y con ella un duende. Éste me miró fijamente, y luego se fue, como buscando algo por el camino.

Un hada que pasaba, sacó de la aljaba de su espalda una flecha con mi nombre, y acomodándola al arco, apuntó al suelo, y disparó…

Luego vi cómo lentamente la tierra empezó a sumirse en el agujero que la flecha había hecho.

Entonces muy rabiosa y con cara de malgeniada salió el oráculo de su tienda, muy afanado al sentir el desorden. Vi, cómo lentamente abría sus ojos con expresión de sorpresa al acercarse a lo que pronto resolví llamar “el hueco de la flecha”.

Él no lo creía, pero sucedió… Sabía que tarde o temprano, su trabajo de adivinador empezaría a partir de una flecha, el problema era que él no sabía a qué clase de flecha se referían sus dioses paganos, que le suministraban el privilegio de conocer de antemano el porvenir.

Entonces tomó la flecha, la levantó al cielo, y el águila de mil y un colores apareció de la nada agarrándola fuertemente, y desapareció.

-Justo, como lo vi en mis sueños… ¡esta es la señal!- dijo el oráculo regresando a su tienda, después de haber inhalado profundamente, pero esta vez con más seguridad. La tierra, por supuesto, volvió a la normalidad.

Repentinamente el duende apareció, y otra vez, me miró fijamente. Ya no con la mirada de búsqueda que llevaba antes. Ahora, sus ojos reflejaban la verdadera carga que aguantaba al ver al mundo entero, al caminar…

El hada de regreso a la tierra, se posó en sus dos alitas, levantó una rama seca y construyendo rápidamente dos flechas, suspiró. El aire que salió de aquel suspiro cansado quedo en el suelo vuelto añicos. Decidió terminar con eso de una vez. Levantó la primera… la acomodó al arco… apuntó…. y disparó.

De inmediato, el duende cayó al suelo.

Sin embargo el hada no hizo la flecha para matarlo…

El hada cogió la otra flecha y la acomodó al arco, apuntó hacia mí, y disparó.

Como en cámara lenta vi que a medida que la flecha se acercaba, una manzana aparecida no sé cómo ni en que momento, empezó a caer.

Justo cuando la flecha llegó, miré con sorpresa la manzana rebotando en el suelo…

Cerré el libro. Eran las seis de la tarde y la jornada había terminado. Apagaron las luces de la biblioteca, y todo quedó a oscuras.


"Un jardín", es solo una sencilla narración de un viaje imaginario que hice hace tiempo.

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